Tal vez te hayas acostumbrado a sentir una cierta opresión en el pecho, a notar cómo se te dispara el corazón sin avisar o a sufrir un acaloramiento inesperado, sensación de mareo, etc, etc, etc... 

Y quizás, para tratar de controlarlo un poco, decidas evitar esas situaciones que lo empeoran, lugares cerrados, hablar con desconocidos, ir sol@ por la calle o en el transporte público.

Total, no cuesta tanto; solo con evitar un par de cosillas, mantienes a raya los síntomas.

No te engañes.

La ansiedad es como un monstruo que te amenaza.

Si le temes, si le das lo que te pide, evitando , escapando de esas situaciones, se hará cada vez más grande, más feroz.

Y te pedirá cada vez más sacrificios.

Serás su esclav@. 

Pero puedes plantarle cara.

La ansiedad tiene solución.

Puedes creer en ti.

Puedes confiar en un profesional de la Psicología.